Para muchos de nosotros, que no somos nativos digitales, las redes son un entorno hostil, y en el que nos sentimos inseguros. Hemos sido socializados sin móviles, internet, ni redes, y nos cuesta adaptarnos a un medio en el que los códigos de comunicación y las convenciones sociales son radicalmente distintas. .
A veces, llegamos a intuir la capacidad que ofrecen en el ámbito profesional las redes, pero pocos sabemos que hacer en ellas. Obsesionados con no caer en la obsolescencia, y ahora acuciados por la crisis, muchos creen o quisieran poder encontrar en la red, los clientes que no han podido o no han sabido captar en el mundo real.
Difícilmente, al menos en el ámbito de los servicios profesionales de valor añadido, en los que el contacto personal-físico y la relación de confianza, es un elemento esencial.
Un tuit reciente de Lidía Zommer nos daba una pista: en breve la red será una herramienta, como el martillo. En realidad, creemos que siempre lo ha sido. Otra cosa, es nuestra percepción. Consecuencia del desconocimiento y de nuestras limitaciones para adaptarnos a los nuevos entornos, se tiende a mitificar determinadas realidades, llegando a creer que la presencia y participación en las redes es un objetivo en si mismo, elevando la red por encima de su carácter meramente instrumental.
Con ello, en absoluto pretendemos menospreciar las capacidades de las redes y su utilidad. Tampoco negar el profundo cambio que están produciendo en las conductas y en el modo de relacionarnos. Sin duda, las redes suponen un desarrollo exponencial de nuestras capacidades de comunicación y relación, … pero como también lo supuso la invención del teléfono, la radio o el telégrafo.
Desde esta perspectiva, las redes se hacen más amables y asequibles. Hemos de percibirla como lo que es: una herramienta.
FACEBOOK nos ayuda a identificar sujetos con afinidades, establecer contacto e intercambiar información de una forma hasta hace poco inimaginables. LINKEDIN es muy útil para identificar, ser identificado y establecer contacto con/por colaboradores o potenciales clientes. El correo electrónico, los SMS y ahora WHATSAPP, TWITTER y similares, han superado las limitaciones de la comunicación simultanea tradicional (contacto personal y por teléfono), que de aun de forma asincrónica, permite una comunicación fluida y capaz de trasmitir todo tipo de información.
Con todo, y a pesar de sus capacidades, no dejan de ser instrumentos o vehículos de comunicación. Solo tienen sentido como respuesta a la capacidad de comunicarse entre las personas, para construir y reforzar relaciones. Asumidos este extremo, de lo que se trata es de conocer la mecánica y funcionalidades de la herramienta, adaptarnos a un nuevo lenguaje, e interiorizar sus convenciones sociales. Pero todo ello, no dejan de ser aspectos formales. Lo esencial sigue siendo QUE QUEREMOS COMUNICAR y a QUIEN., y con que objetivo. Las redes pueden ser una herramienta inestimable para proyectar nuestra imagen, para mantener el contacto o establecer nuevos contactos claramente identificados y en un entorno propicio y amable. Pero al final, cualquier transacción en el ámbito de los servicios jurídicos de valor añadido, para la construcción de una relación sólida cliente-firma va a seguir exigiendo sentarse, hablar y compartir en el mundo real.

